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UNA VIDA AL SERVICIO DE DIOS Y LA DOCENCIA

María de Madariaga era una mujer profundamente católica, idealista y carismática. Su tenacidad y constancia han sido dos de las cualidades que han estado presentes durante toda su vida, hasta que el 2 de enero de 2001 le sorprendió la muerte en una de las camas del Convento de La Clerencia, lugar donde había padecido cerca de seis años la enfermedad de Parkinson.

María de Madariaga nació en Madrid el 14 de diciembre de 1905, en el seno de una familia media-alta y profundamente cristiana que le transmitió la fe como principal premisa de su vida. Ella la mediana de dos hermanos, Ramón y Juan José.

Cuando contaba con 18 años de edad comenzó su andadura en el apostolado, dentro de la Unión de Damas Apóstolicas. Con el paso del tiempo se acrecen-

tó su devoción por Dios, lo que le llevó a incorporarse a la Acción Católica, desde donde colaboraba directamente con la Jerarquía de la Iglesia, encargándose de temas sociales, caritativos y de formación de las jóvenes del momento.

En 1926, esta madrileña de cuna es nombrada Presidenta Diocesana y Nacional de la Juventud Femenina de Acción Católica. Su relación con los enfermos y su dedicación a los mismos le despertaron cada vez más interés por la Enfermería, realizando un curso en el Hospital del Niño Jesús de Madrid. Viendo que éste era el camino que verdaderamente satisfacía su inquietud en la vida, pasó posteriormente a estudiar la Especialidad de Enfermería, que se impartía durante estos años (1935-1936) en la Facultad de Medicina de Madrid.

Terminados sus estudios de enfermera, y movida por su talante educador y formador, comienza a plantearse la creación de un centro especializado, en el que ella y las demás compañeras profesionales pudiesen atender y actualizar los conocimientos de las enfermeras integradas en la Acción Católica; fue en 1940 cuando Monseñor D. Leopoldo Eijo y Garay pensó en una Acción Católica especializada por profesiones, y pensó en María para que organizara la Asociación Católica Nacional de Enfermeras y Asistencia Médica y Social, de ámbito nacional e internacional.Se crearon escuelas de Enfermería, de matronas, diplomadas Puericultoras, auxiliares clínicas y fisioterapeutas.

Su labor fue reconocida mundialmente. Se le concede varias condecoraciones entre ellas la
Cruz Pro Ecclesiae et Pontifice (1941).

 

CONSTANCIA PESE A LA ADVERSIDAD

En los años transcurridos durante la guerra, su actitud como enfermera y su creencia en la religión cristiana se iban consolidando cada vez más, de tal forma que en el año 1941 recibe en manos de Su Santidad el Papa Pío XII la Cruz "Pro ecclesia et Pontifice", condecoración que conservará hasta el final de su vida.

Gracias a su constancia y perseverancia, en 1942 María de Madariaga consigue fundar, con la ayuda de la Iglesia, la Asociación Católica de Hermandades Diocesanas de Sanitarias Españolas, dándole el nombre de Salus Infirmorum.

Así tras años de enseñanza y dedicación, en 1946 fue constituida la Asociación Católica Salus Infirmorum, donde quedarían agrupadas todas las profesionales sanitarias españolas. Esta Asociación se incorporaría posteriormente al Comité Internacional Católico de Enfermeras y Asistencia Médica y Social, como miembro adherido, pasando en 1953 a ser registrada y legalizada la Entidad Salus Infirmorum para desarrollar su actividad docente.

Una vez cumplido el sueño de la Hermana María, ésta comenzó a darle una carácter algo más personalizado, siempre promoviendo una acción apostólica, capaz de llevar a cabo a través de sus docentes, pero sin olvidar su aspecto sanitario y profesional, pues consideraba que la evangelización a los profesionales sanitarios podía beneficiarlos a la hora de llevar a cabo una práctica diaria más humana con los pacientes.

Así, con el tesón y la fuerza que la caracterizaba, fundó ocho Escuelas de Enfermería oficialmente reconocidas por el Estado y por la Iglesia, entre las que se encuentran las de Madrid, Cuenca, La Coruña, Cádiz, Salamanca, Palma de Mallorca, Tánger y Valladolid. Debido a su clara visión de futuro, tuvo presente en todo momento la necesidad de la asistencia a la sociedad y la importancia de ayudar, por lo que creó una bolsa de trabajo para cubrir ambas necesidades.

Por otra parte, ante el constante amor que profesaba a los más pequeños, decidió en 1956 crear la "Casa del Niño" para sanos y discapacitados, al mismo tiempo que fundó la Escuela de Fisioterapia, que sería la primera Escuela aprobada por el Ministerio de Educación. En esta misma línea de perseverancia y de duro trabajo, organizó las tres primeras Peregrinaciones Diocesanas a Lourdes y a Fátima, de la misma manera que en 1970 dispuso la Peregrinación de enfermos al "Cerro de los Ángeles".

Años más tarde, la Hermana María ingresa en la Orden Civil de Beneficencia y a partir de entonces ostenta el cargo de Presidenta General de Salus Infirmorum de forma vitalicia, por deseo expreso de sus miembros y de la Jerarquía de la Iglesia.

Su labor no conoció fronteras y dejo huella en los cinco continentes a los que viajó, en los que pronunció conferencias y participó en simposium y foros, dejando siempre patente el Dogma, la Moral y la Ética Católica.

Ni tan siquiera su avanzada edad ni sus problemas de salud le impidieron apartarse de prestar asesoramiento y ayuda de los docentes de sus Escuelas, siempre aconsejándoles desde una visión cristiana combinada con una gran profesionalidad científico-técnica, y llegó a editar un libro de poemas titulado "Buscando sus huellas".

 

María de Madariaga ha sido madre espiritual, profesora y enfermera, una mujer de carácter y de beneficencia con la que gracias a su esfuerzo y tesón ha contribuido a que la Enfermería ocupe en la sociedad el puesto que se merece. Descanse en paz.

 


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